martes, 1 de junio de 2010

La condición de los pies

La memoria de los pies es tan contumbrista como la memoria de las manos. Es así, están acostumbradas a estarlo. Son por constumbre, mucho antes que cualquier otra cosa. Aprenden de memoria sin querer, y repiten sus palabras de la misma manera cada vez. A decir verdad, creo que todas las memorias son así de emotivas. Claro, usted dirá: “¿qué tiene que ver la costumbre con la emoción?”, y no lo culpo, pero le respondo: la escencia de la costumbre -me refiero a su razón íntima de ser- se basa en la sensación de bienestar ante esa repetición inconsciente de determinados comportamientos. Es decir, que la costumbre es una emoción.

Ahora bien, ¿porqué juzgar al instinto, porqué culparlo de nuestros actos? “Disculpe señorita, no quise tocarle el culo, pero es demasiado lindo como para que mi instinto le ordene a mi mano no-hacerlo”. El viejo truco de “ella me dio el beso a mí”. La disociación es tan profunda, que la negación adquiere la misma inercia costumbrista que nuestras memorias. ¡Pero atención! La negación se concreta; por lo tanto, el individuo olvida que alguna vez olvidó una previa negación. O sin dar vueltas y en términos de moraleja: “lo que se niega se cree”. ¿Todo lo que se niega se cree? Claro que no, pero en ese caso ya noe estaríamos hablando de negación. Por eso, siempre es mejor un espejo en el pecho que cien volando... la condición de los pies -apalusos-, es que estén en el suelo.

Juan sin Tierra

lunes, 31 de mayo de 2010

La condición de las manos

Mis manos se deslizan por el teclado como si las letras surgieran de los dedos, como si fuera mi voluntad las que las pusiera ahí, en ese orden arbitrario. Tengo un celular nuevo pero de la misma marca que el celular que tuve hace tiempo; suena tonto, pero me di cuenta de que las manos tienen memoria.
No sé si tendrán memoria emotiva, no sé si habrá un psicólogo de manos que pueda analizar el lenguaje de las cosas que ellas guardan con recelo. Mis manos se niegan a aprender a tejer, nunca pudieron modelar arcilla y buscan la palanca de cambios en un auto automático. De chica odiaba que mis manos se negaran a obedecer mis órdenes, sobre todo cuando pasé por mi período de artesana: cerebro: quiero un collar lindo; manos: no nos interesa ejecutarlo.
Mis novios siempre fueron muy altos entonces mis manos no saben caminar sostenidas por otras manos. Sienten que interrumpen el movimiento oscilante que saben hacer cuando camino. No es una cuestión poética ni de independencia: es cuestión de costumbre, las manos son un animal de costumbre.
Creo que mis manos son tan torpes y caprichosas como yo. Esto no es un dualismo insolado, ¿te diste cuenta la cantidad de cosas en las que tus manos se rebelan, no responden a las intenciones del resto de tu ser? A veces es como pasa cuando alguien quiere bailar y los pies no lo siguen, pero no sé mucho sobre las memorias de los pies.
Tengo otro ejemplo. Cuando mi mamá fue a un curso para dejar de fumar (sí, hay cursos, pero de eso hablaría en otro momento), le dijeron que además de la adicción a la nicotina y ciertas cuestiones emocionales como ansiedad existe una adicción gestual. Quien fuma está acostumbrado a una seguidilla de gestos relacionados con el hábito, pequeños movimientos repetidos innumerables veces, durante años. Esos gestos se convierten en una necesidad y cuando la nicotina salió del sistema y la ansiedad se obsesiona con otras cosas como agua, comida, sexo o deportes quedan las manos. Las manos huérfanas de buscar el encendedor, de sostener entre dos dedos el cigarrillo, de llevarlo mecanicamente a la boca. Quien reincide suele hacerlo porque sus manos imponen su propia necesidad, son un animal de costumbre.
Además de fumar y escribir mis manos no hacen mucho más, o no lo sé. No puedo pensar en otros ejemplos, sé que mis dedos suenan, se la forma de cada una de mis uñas, conozco una cicatriz casi invisible de cuando me apoyé sobre un clavo y que mi hermana tiene el mismo talle (sí, porque hay talles para los anillos) en su mano derecha que yo en la izquierda, sé que hacen masajes decentes porque ellas solas saben presionar con la fuerza adecuada para no causar dolor (sus masajes se parecen más a caricias). Pero descozco totalmente su memoria. Mis manos son una extensión desconocida de mi ser, a veces siento que hasta me guardan cosas. Qué loco lo de las manos.

Pink Floyd

La condición del camino


“El camino tiene una sola condición”, escribo en mi cabeza mientras manejo: “el final”; y prosigo mi pensamiento en la marea del autopista... Si supiéramos siempre la dirección exacta a donde nos dirigimos, este razonamiento sería vácuo, sin habla, ciego, sordomudo, sin-sentido. O capaz exagero, pero no es el punto de la discusión. Sin embargo, en algunas claras y eficaces oportunidades -objetivamente demostrables, como dirían nuestros rígidos y expeditivos amigos gringos- creemos creer la dirección exacta. (Creer-creer debería ser otro verbo conjugable). Es decir, tenemos la certeza de qué algo está allí esperándonos en ese preciso lugar y no otro. Por lo tanto, mi condición implica una certeza inevitable, que no necesariamente sea verificable, pero sí cierta, como los cristianos tienen Fe en Dios.

¿Quién nació primero: la Fe o la razón, cuál de las dos sugirió primero la eliminación del otro; quién las unió en sagrado matriminio, quién fue más hereje: Santo Tomás, Nietche, House? La certeza inevitable es y no al mismo tiempo, como Hamlet, que nunca fue y fue siempre. No se puede tener certezas-inevitables, aunque muchas veces existan. El tiempo no entiende de tiempos, no viaja nunca al futuro, no mira sus goles, no se enamora, no se detiene a mirar lo que ya pasó, no charla con amigos, no escribe oraciones largas ni cortas, no toma mate ni dulce ni amargo, no tiene club de fútbol . Pero... su dolor es tan profundo que prefiere callarlo, dejarlo en el anonimato del universo -o a lo sumo decirle Cronos, con aires de erudito solitario- y fingir ser inmortal...


Se me ocurrió en la autopista, cuando volvía de trabajar. Hoy, son esos días en nada te molesta. Sentimos que nadamos como delfines por medio de los carriles. ¡La extensión de asfalto es igual en todas partes del mundo! ¡Todas las autopistas son autopistas! Pero cuando uno conoce el camino, los atajos son como el océano, como las orcas, como la marea más tierna de la tarde. O bien, su opuesto, cuando las direcciones son hostíles y desconocidas, como el encuentro íntimo con uno mismo cuando caemos derrotados por la ola hacia el fondo del mar.


El final es el camino, pero nunca al revés. El rumbo está en el devenir de las cosas...


Juan sin Tierra



miércoles, 26 de mayo de 2010

A favor de que la fotografía cope la Panhaus...2









Otro soporte posible (joooooorgeeeeeeeeee..) puede ser un "libro de autor".




El sitio los divide en 2 categorias: un libro de artista (obra original, como la biblia corneta o la que mancha) y libros de fotógrafos.

A favor de que la fotografía cope la Panhaus...

Porque si la premisa era pensar en el soporte, la visita a Puro Diseño me proporcionó un formato: http://www.focu.com.ar/

"El Cuadro Focu es una impresión de tu foto en lienzo montado sobre un bastidor de madera listo para colgar. La imagen del cuadro tiene alta definición y gran precisión en el detalle."

Está claro que se necesita $... pero, me parece un buen dato para tener en cuenta la técnica. Al menos yo estaba buscando algo así para imprimir mis fotos.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Ilustraciones


Ilustración: El duende de los duraznos ( ya que todos los duraznos son de los duendes..)


martes, 18 de mayo de 2010